Me Llamó la Atención un Artículo de Opinión Titulado, “Competitividad: ¿Hacia dónde vamos?”, Porque Trae de Nuevo a Colación, ¡La Falacia  de la Competitividad! o el Consecuencialismo de “El Fin Justifica los Medios”.

“¿Para qué ser más competitivo? Ser más competitivo importa por tres razones fundamentales.

Primero, la productividad es el elemento fundamental para crear riqueza y elevar los estándares de vida. Aunque hoy sabemos que el crecimiento económico no lo es todo, está claro que no se puede hacer chocolate sin cacao.

Segundo, los países más productivos ofrecen mayor rendimiento a la inversión. Esto importa a las compañías que buscan dónde invertir, pero también significa que inversiones públicas en infraestructura, educación y capacidades tienen más probabilidades de convertirse en crecimiento económico y progreso social.

Tercero, se ha determinado que las economías más competitivas son más estables y resilientes a los vaivenes de los mercados y las crisis internacionales.”…

Pero Empecemos Por lo Primero, Una Falacia Es Por Definición, un Fraude, un Engaño; una Mentira con la que se Intenta Dañar o Engañar a Alguién.

¿A Quién(es)?

Precisamente A Quienes Se Trata de Engañar Haciéndoles Creer Que Competitividad, O Sea, la Capacidad de Competir. Es lo Mismo Que Productividad, O Sea, la Cualidad de Ser Productivo.

Segundo, los Países Más Productivos, Son Aquellos Que, Tienen Mayor “Capacidad o grado de producción por unidad de trabajo, superficie de tierra cultivada, equipo industrial, etc.”…

No, los Que “ofrecen mayor rendimiento a la inversión”…

¡Esos Son los Más Competitivos!

Ergo, los Más Rivales para la Consecución de un Fin.

¡Ese Fin Que Justifica los Medios Según la Política del Maquiavelismo!

Tercero, Han Sido, Precisamente los Vaivenes de los Mercados; Específicamente del Denominado “Mercado Libre” , los Que Han Causado las Crisis Internacionales.

¿Por Qué? En las Propias Palabras de Ludwig von Mises Porque.

“Se supone que el funcionamiento del mercado no es impedido por factores institucionales. Se supone que el gobierno, el aparato social de compulsión y coerción, intenta o se interesa en la preservación de la operación del sistema de mercado, se abstiene de obstaculizar su funcionamiento, y lo protege contra infracciones por terceros. El mercado es libre, no hay interferencia, de factores ajenos al mercado, con los precios, tasas de salarios y tasas de interés.”…

Entonces, “a partir de estos supuestos la economía”, Se Fomenta la Rivalidad Entre Naciones en Libre Competencia de Mercado; Ya Que, Literalmente, Éstas Tienden a “Contender entre sí, aspirando unas y otras con empeño a una misma cosa.”… Aumentando la “Rivalidad para la consecución de un (mismo) fin.”…    

Y, ¿Quién Lleva las de Ganar en Esa Competencia?

¡El Tigre Suelto! o ¡El Burro Amarrado!

Pero Aún Hay Más, Sí “El mercado es libre, no hay interferencia, de factores ajenos al mercado, con los precios, tasas de salarios y tasas de interés.”…

Y Encima, “se interesa en la preservación de la operación del sistema de mercado, se abstiene de obstaculizar su funcionamiento, y lo protege contra infracciones por terceros,”…

Entonces, Obviamente, No Existe Coerción Alguna Para Que el Mercado Ejerza su Voluntad.

Y en un Sistema Cuyo Aparato Social No Ejerce Coerción Alguna, lo Que Prevalece Es la Anarquía, la Especulación. Y Eso, Sin Lugar a Dudas,

¡Ha Sido lo Que Ha Ocasionado Todas las Crisis Económicas!

Y Como Según el Consecuencialismo “los fines de una acción suponen la base de cualquier apreciación moral que se haga sobre dicha acción.”…

No Cabe Más Que Pensar Que la Apreciación Moral Que Hacen Estas Personas Sobre Dicha Acción (Competitividad) No Es Más Que Falacia.        

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Competitividad: ¿Hacia dónde vamos?

Un análisis de los últimos 10 años sugiere que la competitividad de Costa Rica se ha estancado.

Hace una semana, el Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible del Incae Business School, en asocio con el Foro Económico Mundial, lanzó el Informe Global de Competitividad 2016–2017. El informe consiste en la evaluación de las instituciones, políticas y factores que determinan la productividad de un país. Productividad no es otra cosa que hacer más con los mismos insumos.

¿Para qué ser más competitivo? Ser más competitivo importa por tres razones fundamentales. Primero, la productividad es el elemento fundamental para crear riqueza y elevar los estándares de vida. Aunque hoy sabemos que el crecimiento económico no lo es todo, está claro que no se puede hacer chocolate sin cacao.

Segundo, los países más productivos ofrecen mayor rendimiento a la inversión. Esto importa a las compañías que buscan dónde invertir, pero también significa que inversiones públicas en infraestructura, educación y capacidades tienen más probabilidades de convertirse en crecimiento económico y progreso social.

Tercero, se ha determinado que las economías más competitivas son más estables y resilientes a los vaivenes de los mercados y las crisis internacionales.

¿Cómo está Costa Rica? Se ubica en el lugar 54 de 138 países evaluados. Su calificación es de 4,4 puntos de 7. El análisis de los últimos 10 años sugiere que la competitividad de Costa Rica se ha estancado. En dicho lapso, el crecimiento promedio ha sido prácticamente nulo.

El país pasó de ser la segunda economía más competitiva de América Latina en el 2006, detrás de Chile, al cuarto lugar en el 2016, superado ahora, además, por Panamá y México.

Costa Rica alcanza su mejor desempeño absoluto en los pilares de educación básica, salud y educación superior. Su mejor desempeño relativo (en comparación con otros países) lo logra en el pilar de innovación.

Estos resultados reflejan que 195 años de inversiones acumuladas en salud y educación no pasan en vano. Desde nuestra independencia, hemos hecho la apuesta correcta en estas materias. Sin embargo, en los indicadores de infraestructura de transporte, ambiente macroeconómico y eficiencia de los mercados, el país ha retrocedido sistemáticamente.

La calidad de las carreteras costarricenses la ubican en el puesto 125 de 138 países y los resultados para puertos y el ferrocarril apenas se acercan al puesto 100. En el ámbito macroeconómico, las finanzas del Gobierno se han deteriorado al punto que el déficit fiscal es de casi un 6% del PIB, con lo cual nos ubicamos en el lugar 110 del mundo.

Los mercados en Costa Rica se caracterizan por una creciente y excesiva regulación que explica en parte el alto costo relativo para invertir y consumir.

Los monopolios y oligopolios son comunes en varios sectores de la economía, incluidos la agricultura, la industria alimentaria, el transporte público y la energía. La mayor parte de estas estructuras anticompetitivas son avaladas por la ley.

El costo de las políticas proteccionistas –incluida la prevalencia de barreras no arancelarias–, el número de días para establecer un negocio y la carga de los procedimientos aduaneros, ubican al país en los últimos lugares del ranquin de competitividad global.

Pero, sin lugar a dudas, la tendencia más preocupante se observa en el pilar de instituciones, es decir, aquellos indicadores que se refieren al imperio de la ley y las reglas del juego. Tradicionalmente un bastión de nuestra competitividad y motivo de orgullo, la institucionalidad costarricense muestra un importante deterioro a la luz del IGC.

Los resultados señalan que los empresarios desconfían crecientemente de los políticos, temen por desvíos y desperdicios de fondos públicos, sufren por los costos del crimen y la violencia y están agobiados por la excesiva regulación; indicador donde nos encontramos en el puesto 126 de 138.

¿Por qué las cosas no pasan? Otro de los instrumentos que utilizamos para llevarle el pulso a la competitividad nacional es una pregunta que se les hace a los empresarios. ¿Cuáles son los 5 principales problemas que tiene el país? Invariablemente, desde hace 10 años, los problemas 1 y 2 son burocracia e infraestructura. Los mismos problemas, los mismos lamentos, pocas respuestas.

Pese a la relativa oscuridad competitiva en que nos desenvolvemos, hay esperanza. Para empezar, Costa Rica ya hizo lo más difícil. Todo país de renta media se deslumbra por nuestros avances en educación, salud y protección de la naturaleza. Nuestras falencias están en las cosas más sencillas, que se resuelven con cemento, varilla y, sobre todo, buena gestión.

Nuestras mejores obras de infraestructura de transporte se hicieron o administran en el marco de alianzas público-privadas y concesiones: la carretera 27, el aeropuerto, la terminal granelera de Caldera y la próxima terminal de contenedores de Moín.

Está clarísimo que estos modelos funcionan, pero necesitamos más escala, más cobertura y, sobre todo, la voluntad de que las cosas sucedan.

Pero, además, donde el Gobierno Central parece haber tirado la toalla, los gobiernos locales han tomado la batuta. Una nueva generación de líderes municipales ejecutan una vigorosa agenda de infraestructura.

Hoy, el marco legal permite la conformación de empresas de servicios públicos con capital privado así como alianzas entre municipales para lograr mayor cobertura y economías de escala.

El sistema financiero tiene los recursos y los mecanismos para apoyar esta agenda municipal, que perfectamente puede resolver muchos de los cuellos de botella que afrontamos.

Juegos Olímpicos y desarrollo: ¿Cuántas medallas ganar?

El autor es director del Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (CLACDS) de Incae Business School.

 

El Fin Justifica los Medios

El fin justifica los medios es una frase hecha existente en varios idiomas modernos y que tiene aplicación en la política, los negocios o en cuestiones éticas. Significa que cuando el objetivo final es importante, cualquier medio para lograrlo es válido.1 La frase es atribuida al filósofo político italiano Nicolás Maquiavelo, aunque en realidad la frase la escribió Napoleón Bonaparte en la última página de su ejemplar del libro "El Príncipe" de Nicolás Maquiavelo…

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Consecuencialismo

El consecuencialismo hace referencia a todas aquellas teorías que sostienen que los fines de una acción suponen la base de cualquier apreciación moral que se haga sobre dicha acción. Así, siguiendo esta doctrina, una acción moralmente correcta es la que conlleva buenas consecuencias y buenos actos.

El consecuencialismo se distingue de la deontología ética en que ésta enfatiza el tipo de acción en lugar de sus consecuencias. También difiere de la ética de la virtud, la cual se centra en la importancia en las motivaciones del agente.

Hay que diferenciar entre la intención y la acción o resolución.1 Así Kant filósofo alemán, pone énfasis en la intención o razonamiento y los consecuencialistas en la acción o resolución (consecuencias de la acción).

La intención en ética es una propiedad del modo o dirección de razonamiento de una persona. Según Kant, la buena moral debe seguir la búsqueda de verdades o comportamientos universales, sin importar las consecuencias, por otro lado, la idoneidad de una acción o valoración de las consecuencias es una valoración sobre la inteligencia de esa persona o también de las posibles negligencias que ha cometido en su razonamiento o búsqueda de información. Si bien a una persona no se la puede culpar de sus limitaciones si se la puede culpar por no tratar de superarlas. Así hay negligencia cuando una acción no es idonea cuando en medida de lo posible la verdadera respuesta ha estado dentro del alcance en tiempo y recursos para la habilidad de aprendizaje y razón de la persona en cuestión.

En estos términos se entra siempre en valores subjetivos por lo que la ética en este sentido está fuera de toda lógica si no se aportan argumentos objetivos basados en la experiencia. Así hacer lo correcto en términos de Kant, es decir, tener una buena intención y no mirar las consecuencias permite catalogar a la persona. Y la forma de actuar o acciones se cataloga en función de las consecuencias. Los argumentos para catalogar las buenas intenciones son falseables pues dependen de la veracidad de información que nos de el sujeto, sin embargo, las consecuencias son medibles con argumentos objetivos.

Por otro lado, las responsabilidades de alguien que con buena intención produce resultados negativos según él, inesperados, son aplicables. Si un hombre no actuó con reflexión, convicción y conforme al principio de razón, entonces el sujeto es responsable de todos los efectos negativos que pudieran derivarse de su acción, no así de los buenos (son causa de la casualidad y no realizados con buena voluntad). Esto es, porque el sujeto es inmoral, no ha actuado con buena voluntad. Por otro lado los consecuencialistas argumentarían que las responsabilidades no recaen en cuanto se demuestre que no hay negligencia o no hay posibilidades de conocer las otras formas de acción porque están fuera de la capacidad del individuo. Por lo que la negligencia pasa a traspasarse a si es consciente de su incapacidad o si los demás lo son de la suya. Aun así es posible que no haya pruebas objetivas y se vuelva a entrar dentro de terrenos subjetivos.

Según Kant considerar buena una intención depende de lo universal y aplicable que sea y no puede contener excepciones. Así mentir por ejemplo, no estaría dentro de ningún modo (ninguna excepción) de razonamiento que lleve a buenas intenciones incluso si esto evitara una mala consecuencia, por ejemplo la muerte de otra persona. Esto es así porque según Kant,2 no mentir siempre es un comportamiento consistente con la universabilidad de buenas intenciones.\ El ser veraz (sincero) en todas las declaraciones es pues, un sagrado mandamiento de la razón, incondicionalmente exigido y no limitado por conveniencia alguna. Los consecuencialistas argumentarían que si existe una acción que lleve a mejores consecuencias esta debe ser tomada, pero debe estar basada en argumentos sólidos que correlacionen la acción con la consecución; si no se estaría recurriendo a la falacia ad consequentiam. La consecuencia en si misma no justifica una acción sino los argumentos que justifiquen la relación existente entre la acción y la consecución. Si esta relación es fuerte entonces se reduce el riesgo e incluso puede ser lógica o verdadera. Así si suponemos que mentimos para salvar a otras personas y esas personas mueren, somos responsables de las consecuencias, es decir, de no haber argumentado correctamente y además según Kantde no seguir buenas intenciones, pues hemos mentido. Así la expresión: "No existen buenas o malas acciones tan solo las consecuencias", es falaz porque las malas acciones se pueden calificar mirando a la intención de la persona y no a las consecuencias que se originan o no ser falaz si se mira a la inteligencia o capacidad de la persona en razonar, es decir, el resultado de sus razonamientos o acciones/consecuencias. Si se mira a la intención solo la propia persona es capaz de discernir por lógica si está haciendo bien o mal en función de la universalidad de su elección que solo ella conoce y sin preocuparse de las consecuencias y por otro lado si se mira a las consecuencias de sus acciones se pueden justificar con argumentos suficientes que unas acciones pueden llevar a determinadas consecuencias aunque la certeza siempre se esfume ante los imprevistos o fallos en la argumentación. Esto llevaría hasta otra famosa frase que dice: "El camino hacia el infierno (unas malas consecuencias), está plagado siempre de buenas intenciones…

Inversión social en el actual gobierno

 

Mercado Libre

Se puede definir el mercado libre como el sistema en el que el precio de los bienes es acordado por el consentimiento entre los vendedores y los consumidores, mediante las leyes de la oferta y la demanda. Requiere para su implementación de la existencia de la libre competencia, lo que a su vez requiere que entre los participantes de una transacción comercial no haya coerción, ni fraude, etc, o, más en general, que todas las transacciones sean voluntarias.

Lo anterior se puede entender como una propuesta,1 2 constructo social3 4 5 o modelo económico6 7 acerca del funcionamiento del mercado de uso general en economía,economía política, sociología, ciencias políticas, etc. En las palabras de Ludwig von Mises:

La construcción imaginaria de una economía de mercado puro o sin trabas supone que existe división del trabajo y la propiedad privada (control) de los medios de producción y que por consiguiente hay un mercado para el intercambio de bienes y servicios. Se supone que el funcionamiento del mercado no es impedido por factores institucionales. Se supone que el gobierno, el aparato social de compulsión y coerción, intenta o se interesa en la preservación de la operación del sistema de mercado, se abstiene de obstaculizar su funcionamiento, y lo protege contra infracciones por terceros. El mercado es libre, no hay interferencia, de factores ajenos al mercado, con los precios, tasas de salarios y tasas de interés. A partir de estos supuestos la economía trata de dilucidar el funcionamiento de una economía de mercado puro. Sólo en una fase posterior, después de haber agotado todo lo que se puede aprender desde el estudio de esta construcción imaginaria, se vuelca al estudio de los diversos problemas planteados por la interferencia con el mercado por parte de los gobiernos y otras agencias que emplean coerción y compulsión.8

Es necesario notar que lo anterior sugiere la posibilidad de dos criterios o aproximaciones (no necesariamente alternativas). El primero pone énfasis en las condiciones políticas legales -tales como la libertad de los actores para decidir. Desde este punto de vista generalmente se considera que la fuente última de una tal impedimenta es elgobierno o Estado9 10 y consecuentemente el concepto se opone al de mercado regulado, entendido como ese el en cual el gobierno controla las fuentes de suministros, los precios o la producción, etc. La segunda aproximación pone acento en las condiciones económicas necesarias para la existencia de un mercado libre. Esas esencialmente son conocidas como competencia perfecta y su existencia es asumida, especialmente a niveles introductorios a la disciplina, a fin de facilitar el estudio de la misma11

En la práctica el término economía de libre mercado es utilizado como un término descriptivo de los sistemas económicos en un territorio particular, usualmente un estado-nación. Implica que el sistema económico se aproxima al modelo ideal. Tal sistema concreto puede ser descrito como más libre que otros, como “relativamente libre” o como "no libre", de acuerdo al criterio utilizado. Que la economía deba ser libre o el grado de libertad deseable u óptimo o incluso el grado en el cual una economía es de hecho libre es, junto con sus presumidas precondiciones y consecuencias, una disputa política, constituyendo uno de los aspectos más importantes del debate político económico moderno.12

Tales problemas son evitados con el uso del término economía de mercado, que se refiere a cualquiera en la cual el mercado juega un papel "de importancia" pero admite un rol estatal, es decir, lo que algunos llaman una economía mixta. Sin embargo, no hay un consenso acerca de cual seria el balance de intervención estatal permisible sin que una tal economía de mercado se transforme en economía dirigida.13 14 15 16 17 18

Competitividad

competitividad

1. f. Capacidad de competir.

2. f. Rivalidad para la consecución de un fin.

Competir

competir

Del lat. competĕre.

Conjug. c. pedir.

1. intr. Dicho de dos o más personas: Contender entre sí, aspirando unas y otras con empeño a una misma cosa. U. t. c. prnl.

2. intr. Dicho de una cosa: Igualar a otra análoga, en la perfección o en las propiedades.

Engaño

engaño

1. m. Acción y efecto de engañar.

2. m. Falta de verdad en lo que se dice, hace, cree, piensa o discurre.

3. m. Arte o armadijo para pescar.

4. m. Taurom. Muleta o capa que usa el torero para engañar al toro.

Falacia

falacia

Del lat. fallacia.

1. f. Engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a alguien.

2. f. Hábito de emplear falsedades en daño ajeno.

Fraude

fraude

Del lat. fraus, fraudis.

1. m. Acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete.

2. m. Acto tendente a eludir una disposición legal en perjuicio del Estado o de terceros.

3. m. Der. Delito que comete el encargado de vigilar la ejecución de contratos públicos, o de algunos privados, confabulándose con la representación de los intereses opuestos.

Productividad

productividad

1. f. Cualidad de productivo.

2. f. Capacidad o grado de producción por unidad de trabajo, superficie de tierra cultivada, equipo industrial, etc.

3. f. Econ. Relación entre lo producido y los medios empleados, tales como mano de obra, materiales, energía, etc. La productividad de la cadena de montaje es de doce televisores por operario y hora.

Productivo

productivo, va

Del lat. productīvus.

1. adj. Que tiene virtud de producir.

2. adj. Que es útil o provechoso.

3. adj. Econ. Que arroja un resultado favorable de valor entre precios y costes.

4. adj. Gram. Dicho principalmente de una pauta léxica o gramatical: Que posee un rendimiento elevado y da lugar a un número apreciable de formas nuevas. El sufijo -dor es muy productivo.

Rivalidad

rivalidad

Del lat. rivalĭtas, -ātis.

1. f. Cualidad de rival.

2. f. Enemistad producida por emulación o competencia muy vivas.

Rival

rival

Del lat. rivālis, de rivus ‘arroyo’.

1. adj. Dicho de una persona: Que compite con otra, pugnando por obtener una misma cosa o por superar a aquella. U. m. c. s.

 

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