Me llamó mucho la atención un artículo de Arnoldo Mora titulado, “¿Déficit fiscal o déficit social?”; porque coincide plenamente con otro que estaba pensando escribir; es decir, con este artículo. Escribe don Arnoldo Mora

“Hoy en Costa Rica gobernar es cogobernar. Ha hecho bien el Presidente en dialogar con los ex presidentes. Pero la tarea principal no está allí sino en Cuesta de Moras.
Los partidos se han debilitado hasta el punto de que en gran medida son tan solo maquinarias de marketing electoral y no imprimen una disciplina ni ideológica ni de conducta a sus diputados. Este debilitamiento se refleja en el hecho de que el poder radica en los poderes fácticos: el poder financiero, el mediático, las fuerzas sociales.
Los dos primeros recurren al miedo, como ya lo hicieron en su campaña en favor del TLC, o en el último mes de la campaña electoral pasada. Los sectores sociales responden apelando a la “democracia de la calle.”…

Lo cual es totalmente cierto, y a lo cual, quisiera agregar, que el poder mediático y el financiero coinciden en no solo en la aplicación del miedo como poder fáctico de persuasión y disuasión a la población civil a la que llegan masivamente; también lo hacen mediante el uso, también fáctico de la falacia y la tergiversación; haciendo ver o sugiriendo sólo un lado de la verdad, sólo un lado de la realidad, la que ellos les conviene.

Y eso ocurre porque el fondo esos dos poderes fácticos son uno solo, el político; que al igual que la religión (poder religioso), sirve a quienes ostentan el poder; que irónicamente, en la mayoría de los casos, no son los políticos, es decir, los gobernantes; sino precisamente, el poder económico, el poder financiero, el industrial, el comercial, el empresarial y últimamente el mas peligroso de todos, el libre mercado y competencia.

Y ¿Quién controla a los medios (poder mediático) sino es el poder financiero, a través de todas sus denominaciones: económica, empresarial, de mercado, … libre comercial?

Y ¿Quién contralo a las masas (fuerzas sociales) sino es el poder mediático, a través de lo que les hacer ver o creer que es cierto, que es real, que auténtico, que es la verdad?

¡Siendo que muchas veces no lo es!, o ¡Lo es a medias!, lo ¡Que es casi igual a no serlo!

Pero mi análisis va un poco más allá, sectores sociales responden apelando a la “democracia de la calle” no sólo porque sienten amenazados en sus derechos; también lo hacen porque, al igual que lo hacen los medios fácticos del poder económico y el mediático, éstos (sectores sociales) se ven intimidados y engañados por quienes ejercen el poder en las denominadas fuerzas sociales (gremios y sindicatos), que, al igual que los medios y el económico, recuren al miedo para lograr sus objeticos.

Irónicamente ellos también creen que “El fin justifica los medios”.

Pero voy aún más allá, en ¿Qué consiste nuestro déficit social?

En nuestro egoísmo intrínseco, que se ha arraigado tanto a nuestra actual sociedad como la creencia de que el desarrollo social va de la mano con el crecimiento económico.

¡Nada más falso!, está demostrado que el crecimiento económico produce sólo riqueza, riqueza para unos cuantos, No, nunca para la mayoría.

En igual forma, nuestro creciente egoísmo, el porta´mí, mientras yo esté bien, qué importan los demás; ese solidarismo que dejamos de lado, ese ayudarnos los unos a los otros que tan arraigado estuvo en las raíces costarricenses hasta antes de que el neoliberalismo económico y comercial y los gobernantes que lo prodigaban viniera a estropearlo todo y a sacarlo de nuestra idiosincrasia y a aculturarnos de manera negativa.

Es es el responsable de nos tiremos a la calle a defender los privilegios salariales de unos cuantos (bueno, no tan pocos), la desigualdad social y económica de muchos; ya que desigualdad es iniquidad; porque, concederles a unos mucho mas que a otros por el simple hecho de pertenecer a tal o cual gremio o institución, es precisamente iniquidad, desigualdad, injusticia y mala intención.

La justicia social se basa en la equidad, la equidad se basa en la Propensión a dejarse guiar, o a fallar, por el sentimiento del deber o de la conciencia, más bien que por las prescripciones rigurosas de la justicia o por el texto terminante de la ley; es decir, en la Justicia natural, por oposición a la letra de la ley positiva; eso es, en la Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece.

Y es que, dar a cada uno lo que se merece no significa que a mí me paguen menos por hacer el mismo trabajo, o que yo reciba más por el simple hecho de pertenecer a tal o cual institución.

Dar a cada uno lo que se merece significa que yo recibo más si trabajo más, por mí gusto, por mí cuenta, No porque soy explotado u obligado a hacerlo.

Significa que se me debe premiar por mi eficiencia, No por años de estar calentando un asiento.

Significa que sí recibo beneficios extra, éstos deben provenir del reparto de utilidades de la empresa o la institución donde trabajo, No aportados por el Estado (Gobierno) a costa de todos los demás.

Pero también significa que sí cumplo cabalmente todos esos requisitos, el Estado (Gobierno) debe reconocerme y pagarme los beneficios que justamente me he ganado.

y ¿De dónde saca el Estado (Gobierno) para pagarme dichos beneficios?

Pues de los impuestos, de lo que yo mismo y otros tributamos a lo largo de nuestra vida laboral; De ¿Dónde Más?

Así que aunque no lo queramos, debemos pagar impuestos.

Y aunque no lo queramos admitir y reconocer, lo que actualmente se recolecta en impuestos y otros tributos no alcanza ni siquiera para lograr el equilibrio fiscal; hay un déficit que se acrecienta cada día más.

Y ¿Quiénes son los responsables?

Pues, nosotros mismos, por nuestro egoísmo, por no querer dejar nuestros privilegios salariales, que No son lo mismo que los beneficios salariales que nos hemos ganado gracias a nuestro trabajo.

Ah, y si se están preguntando ¿Pero y este sólo está en contra del trabajador?, ¿Y los patronos, y los empresarios y los evasores fiscales y quienes no pagan sus impuestos?

Pues sí, también ellos son responsables y en igual o mayor medida que los trabajadores.

El Gobierno (Estado) no sólo debe cobrar más impuestos y reducir la carga social y económica que significa mantener toda esa serie de privilegios salariales.

El Gobierno (Estado) también debe cobrar eficientemente los impuestos ya existentes; el Gobierno (Estado) también debe cobrar a quienes actualmente no pagan sus impuestos; cobrar el monto total y real de los impuestos a empresarios, comerciantes, políticos, etcétera; sancionar a los evasores y defraudadores fiscales; quitarles o embargarles los activos y las propiedades si no cancelan; obligarlos a contribuir como corresponde con la seguiridad social de nuestro país.

Como dice el dicho, “O hay pa´todos, o hay patadas”.

Como dice don Arnoldo Mora, “El futuro de nuestro sistema democrático depende en mucho de las medidas políticas que hoy se tomen para fortalecer a la clase media” .

Como digo yo, Democracia es participación ciudadana y participación ciudadana es que todos nos involucremos, No sólo unos cuantos.   

            

 

“El futuro de nuestro sistema democrático depende en mucho de las medidas políticas que hoy se tomen para fortalecer a la clase media”

¿Déficit fiscal o déficit social?

Como es habitual en Costa Rica, el segundo año se convierte en el decisivo del gobierno. Pero tratándose de uno de minoría, esas decisiones no dependen tan solo del Poder Ejecutivo. Quienes ostentan la mayoría en el Congreso asumen una responsabilidad igual.
Hoy en Costa Rica gobernar es cogobernar. Ha hecho bien el Presidente en dialogar con los ex presidentes. Pero la tarea principal no está allí sino en Cuesta de Moras.
Los partidos se han debilitado hasta el punto de que en gran medida son tan solo maquinarias de marketing electoral y no imprimen una disciplina ni ideológica ni de conducta a sus diputados. Este debilitamiento se refleja en el hecho de que el poder radica en los poderes fácticos: el poder financiero, el mediático, las fuerzas sociales.
Los dos primeros recurren al miedo, como ya lo hicieron en su campaña en favor del TLC, o en el último mes de la campaña electoral pasada. Los sectores sociales responden apelando a la “democracia de la calle”.
Costa Rica vive hoy una etapa crucial que refleja lo que está pasando en el mundo. Pero no podemos olvidar nuestros logros del pasado que nos permitieron construir el Estado social de derecho.
Eso es lo que se da como trasfondo del intento por superar el déficit fiscal. Tratar de superarlo mediante el aumento de la carga impositiva sin tocar las causas estructurales, es como poner una curita para sanar un cáncer. Lo más grave de la crisis fiscal es la crisis social. Las recetas impuestas por el FMI a los gobiernos posteriores al de Carazo, no han hecho sino aumentar la desigualdad social que crece en Costa Rica más rápido que en ningún otro país de América Latina. Ninguna deuda pública puede ser pagada en ningún país del mundo. Lo ha dicho Christine Lagarde a propósito de Grecia. Todos los países, especialmente los “poderosos”, son deudores insolventes. Solo Estados Unidos es causante de cerca del 30% del déficit mundial. Por eso a la hora de imponer nuevos impuestos se debe tener en cuenta que la crisis financiera se debe a las movidas especulativas de las bolsas de valores que inciden en el mercado mundial.
Si se piensa imponer nuevas cargas tributarias se debe tener en cuenta lo que dice la moral: solo los impuestos directos son éticamente justos. Los impuestos indirectos son intrínsecamente perversos, pues no son sino tributos coloniales o imperiales que los sectores hegemónicos hacen recaer sobre las espaldas de los pueblos sojuzgados.
A la hora de pensar en nuevos impuestos se debe recordar nuestra historia. Para reactivar la economía luego de la breve pero cruenta Guerra Civil de 1948, don Pepe decretó un impuesto del 10% al capital. Con eso se hizo posible que surgiera una pujante clase media que recibió su formación profesional gracias a la reforma universitaria de Rodrigo Facio. El futuro de nuestro sistema democrático depende en mucho de las medidas políticas que hoy se tomen para fortalecer a la clase media, para que el Estado siga jugando un papel protagónico en el desarrollo económico y en el empleo en el país y para hacer respetar el Código de Trabajo. Solo se puede solucionar la crisis fiscal sin poner en riesgo la paz política, si no se avanza en la superación del déficit social. Y esto no se podrá hacer mientras los sectores medios y populares no logren una cuota significativa de poder político.

Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

Biografía

Autor de numerosos libros y ensayos y miembro de Número de la Academia Costarricense de la Lengua. Fue director de la Escuela de Filosofía y Decano de la Facultad de Letras de la UCR. Miembro de la Comisión Organizadora de la Universidad Nacional y ministro de Cultura.
Ha recibido numerosos reconocimientos y premios nacionales e internacionales como el Premio Nacional de Ensayo Aquileo J. Echeverría.
Es colaborador asiduo de la prensa nacional desde hace tres décadas y columnista de LA REPUBLICA desde 1999.

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