Los “Industriales proponen al Gobierno iniciar discusión para cambiar horarios laborales”;

“Los industriales propusieron al Gobierno impulsar una reforma al Código de Trabajo para que la jornada laboral sea de 12 horas cuatro días a la semana y tres días libres. La solicitud la planteó este jueves la Cámara de Industrias de Costa Rica al ministro de Trabajo,Víctor Morales, en el Primer Congreso de Política Industrial.”

¿Se imagina usted tener tres días libres a la semana? Bueno, pues el sector industrial le presentó formalmente esta tarde la propuesta al Ministro de Trabajo. ¿Cuál es la razón? veamos… el “ Sector Industrial propone cambio de jornada laboral para mejorar la competitividad”.

¿Qué Magnificencia del Sector Industrial? ¡Siempre Pensando en Mejorar la Competitividad y el Desarrollo del País! ¡Después de Todo Son Trabajadores los Sufren las Consecuencias! No Ellos.

En el Reportaje “RD entre los países con jornada laboral más larga”; se Señala;

“La salud física y mental de las personas está estrechamente relacionada con la duración de la jornada laboral, que se considera un elemento clave de la calidad del empleo y un indicador de trabajo decente, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En su informe Panorama Social de América Latina 2013, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), establece que mientras en Europa se trabaja un promedio de 37 horas semanales, en República Dominicana y la mayoría de los países de América Latina y el Caribe, la jornada laboral promedia las 42horas por semana. Las prolongadas horas de trabajo reducen el bienestar de las personas y pueden causar enfermedades.”…

¿Será eso cierto? Según los Estudios Es del Todo Cierto: “Trabajar más de 8 horas afecta la salud”; “Trabajar más de 10 horas daña la vida de las personas”.

Entonces, ¿Como será Trabajar 12 Horas Diarias? ¿Qué Efectos Tendrá para la Salud del Trabajador? Obviamente un Cuadro (4) Crónico de Estrés, Agotamiento y Deterioro Físico  y Mental en Tres Simples Pasos: Desechar la Ley Laboral Vigente, Escuchar la Propuesta Laboral del Sector Industrial, Aceptar la Propuesta Laboral del Sector Industrial.

Y es que, tal y como lo Revela este Extenso Estudio, “Vivir para trabajar: la excesiva jornada de trabajo como factor de riesgo laboral”; ¡Usted Decide! 

 

 

 

Industriales proponen al Gobierno iniciar discusión para cambiar horarios laborales

Los industriales propusieron al Gobierno impulsar una reforma al Código de Trabajo para que la jornada laboral sea de 12 horas cuatro días a la semana y tres días libres.

La solicitud la planteó este jueves la Cámara de Industrias de Costa Rica al ministro de Trabajo,Víctor Morales, en el Primer Congreso de Política Industrial.

El asesor en desarrollo y capital humano de ese gremio, José Salas, explicó que la propuesta se debe a que, según estudios de esa cámara, un alto porcentaje de las empresas utilizan el modelo de cuatro días de trabajo por tres libres.

Salas comentó que actualmente muchas compañías tienen jornadas de 12 horas que obligan a trabajar hasta por seis días seguidos a su empleados, situación que afecta la competitividad y la productividad.

La propuesta para iniciar la discusión sobre el tema fue acogida por el titular de Trabajo, quien aceptó valorarla en el Consejo Superior de Trabajo con representantes de otros sectores.

Sector Industrial propone cambio de jornada laboral para mejorar la competitividad

¿Se imagina usted tener tres días libres a la semana? Bueno, pues el sector industrial le presentó formalmente esta tarde la propuesta al Ministro de Trabajo. ¿Cuál es la razón? veamos.

HOY – Cambio de jornada laboral 18-07-14 – Canal 9

 

RD entre los países con jornada laboral más larga

  • Las prolongadas horas de trabajo reducen el bienestar de las personas y pueden causar enfermedades.

La salud física y mental de las personas está estrechamente relacionada con la duración de la jornada laboral, que se considera un elemento clave de la calidad del empleo y un indicador de trabajo decente, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En su informe Panorama Social de América Latina 2013, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), establece que mientras en Europa se trabaja un promedio de 37 horas semanales, en República Dominicana y la mayoría de los países de América Latina y el Caribe, la jornada laboral promedia las 42horas por semana.

En 2011 sólo Argentina, Honduras, Perú y Venezuela estaban bajo el límite de las 40 horas semanales, lo que muestra un fuerte contraste con los países europeos, subraya el estudio. Es por ello que la organización plantea que la media de horario de trabajo en la región sigue siendo demasiado extensa.

El documento destaca que las extensas horas laborales mantienen gran relación con los altos niveles de informalidad existentes en Latinoamérica, pues según estudios que cita el organismo, se estima que los trabajadores informales trabajan un 6% más que los del sector formal.

“En América Latina y el Caribe, los trabajadores informales de escasa remuneración y calificación también se enfrentan a una elevada probabilidad de tener que afrontar jornadas prolongadas, ya que deben luchar por conseguir suficiente trabajo para obtener ingresos dignos”, señala el informe.

Desventaja femenina
Otro aspecto que destaca el documento de la Cepal es que en las últimas décadas la incorporación de la mujer al trabajo remunerado se ha incrementado en alrededor de un 20%, sin embargo, esto no se traduce en una mejora equivalente de la calidad.

El informe agrega que un estudio sobre la calidad del empleo con enfoque de género realizado en los países del Mercado Común del Sur (Mercosur) y Chile, señala que las mujeres perciben menores ingresos en prácticamente todas las ramas de actividad, grupos y categorías ocupacionales, así como en todas las categorías de edad y niveles de educación, además de que están más desprotegidas que los hombres.

Es por ello que la Cepal apunta que “la distribución más equitativa del trabajo doméstico no remunerado es un desafío pendiente que requiere de una legislación que la apoye (a la mujer) y de un profundo cambio cultural”.

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CONTRASTES DE GÉNERO

Sobre la base de encuestas de uso del tiempo realizadas en Panamá (2011), México (2009), Perú (2010) y Ecuador (2011), la Cepal dice que “el aumento sin precedentes en la inserción laboral de la mujer” no ha sido compensada por una mayor participación de los hombres en el trabajo doméstico.

Estos sondeos demostraron que, en promedio, las mujeres tienen una carga de trabajo semanal que ronda entre 73 y 83 horas, lo que afecta seriamente su bienestar y mantiene un vínculo directo con la prevalencia de enfermedades como la angustia, depresión, estrés y ansiedad.

EFECTOS
Trabajar demasiadas horas puede reducir el bienestar personal e incluso afectar la salud, por ello es necesario garantizar un tiempo adecuado para descansar, recomienda el informe de la Cepal.

DEMANDAS
El estudio de la Cepal señala que la reducción de la jornada laboral fue una de las reivindicaciones más constantes de los movimientos de trabajadores y trabajadoras durante gran parte del siglo XX.

REGIÓN
En 2011 sólo Argentina, Honduras, Perú y Venezuela estaban bajo el límite de 40 horas de trabajo semanales, refiere el informe de la Cepal.

 

Trabajar más de 8 horas afecta la salud

Los países europeos con jornadas laborales más cortas (Holanda, Alemania y Bélgica) presentaron mayor productividad por hora trabajada que el resto de países, de acuerdo con estudio del Euroíndice IESE-ADECCO (EIL) en 2007, en el que también se determina que existe una relación negativa entre una jornada laboral extensa y la productividad.

Una jornada laboral de 8 horas o más restringe el tiempo que una persona puede dedicar a actividades necesarias para la salud física, mental y emocional, con diferentes padecimientos que afectan la calidad con que se desempeña.

Trabajar más de 8 horas puede elevar tres veces el riesgo de depresión. Según una investigación de la Marianna Virtanen, de Colegio Universitario de Londres. “Las horas extra provocarían una mayor exposición al estrés, y al mismo tiempo nos mantendrían alejados de la familia y los amigos, lo que provocaría un sentimiento de soledad y abatimiento”.

Una jornada laboral de este tipo nos mantiene expuestos al estrés, al sedentarismo y a la comida chatarra, y nos dejan menos tiempo para hacer ejercicio y descansar, además de que inciden en nuestro cerebro:

Existe una relación entre la corteza prefrontal (zona situada detrás de la frente) y la amígdala. Cuanto más estrés tenemos, más dopamina y norepinefrina (dos neurotransmisores importantes) se liberaran en la corteza prefrontal, de modo que te vuelves más desorganizado, agresivo e impulsivo, según el sitio eexcellence.es

Considerando que las principales funciones de la corteza prefrontal son memorizar, decidir, planificar, priorizar y comportarnos apropiadamente, trabajar más de 8 horas te vuelve más ineficiente y más difícil de tratar.

Además, de acuerdo con investigadores de la Universidad Laval, en Canadá, con largas jornadas de trabajo, ocasiona que el empleado, sin importar su esfuerzo, se sienta sobrepasado por el trabajo, provocándole frustración y desilusión profundas. Se trata del llamadoBurnout o Síndrome de desgaste profesional, según el sitio runrun.es

Tener una jornada laboral de más de 8 horas o laborar en un ambiente estresante, se relaciona también con una menor calidad de sueño. “La falta de sueño provocaría daños cognitivos y cerebrales, además de elevar el riesgo de males cardíacos, hipertensión y diabetes”, según la Dra. Hannah Knudsen, de la Universidad de Georgia.

En este sentido, se eleva el riesgo de ataque cardíaco un 67%, de acuerdo con diversos estudios de científicos del Colegio Universitario de Londres.

Otro factor que afecta la salud cardiovascular es el sedentarismo, por pasar más de 8 horas sentado, debido a que reduce drásticamente la cantidad de calorías quemadas, elevando el riesgo de obesidad, resistencia a la insulina y colesterol alto, explica el Dr. James Levine, de Mayo Clinic.

Por todo lo anterior, la reducción de la jornada laboral a 6 horas favorece la intensidad de trabajo y reduce espacios de ocio laboral que pueden generar una carga negativa en el ambiente, según pijamasurf.com; además, beneficia una mejor calidad de vida del trabajador, lo que eleva su productividad.

 

Trabajar más de 10 horas daña la vida de las personas

Las actividades laborales y el desgaste diario al que están expuestas todas las personas, provocan un deterioro físico y emocional, por ello el sueño restaurador es básico para mejorar la calidad de vida de las personas.

En entrevista para Salud180, el médico Carlos Alfonso Loredo Ritter, director general de la Clínica de Sueño American Neuro Lab, señaló que quienes laboran más de 10 horas al día tienen trastornos del sueño, ya que su cuerpo no descansa lo suficiente y son más propensos a sufrir infartos y a desarrollar problemas de hipertensión:

“El ser humanos no que esté exclusivamente dedicada al trabajo. Por ejemplo, si alguien trabaja 12 horas, empezará a perder motivaciones y llegará a su zona de confort más rápido, debido a que perderán habilidades”.

“Lo ideal es que trabajen por 8 horas, y que tengan lapsos para salir y realizar actividades recreativas. Estas acciones, harán que las personas sean más productivas”.

Loredo Ritter, aclaró que el sueño restaurador es “una serie de cambios bioquímicos muy específicos que generan bienestar y relajación en las personas, cuando duermen de manera placentera”.

En este sentido, el experto en trastornos del sueño afirmó que el hecho de que una persona descanse más de 6 horas o que ronque, no significa que tenga un sueño “reparador”:

“La gente debe ser consciente que es necesario tener un descanso profundo; desconectarse de la realidad y detectar cualquier patología del sueño, para dar el tratamiento adecuado y que esto no merme la calidad de vida de las personas”.

Para hablar sobre éste y otros temas, el Dr. Loredo se presentará en Expo Capital Humano 2011, el próximo 9 de noviembre en el World Trace Center de la ciudad de México.

Si eres dueño de una empresa: ¿Estás de acuerdo con que tus empleados trabajen menos de 10 horas? ¿Qué haces para mejorar su rendimiento laboral? Si eres empleado: ¿Qué tips recomiendas para lograr un sueño restaurador?

 

Vivir para trabajar: la excesiva jornada de trabajo como factor de riesgo laboral

El exceso de trabajo es un factor de riesgo laboral no sólo por la mayor probabilidad de que dicho riesgo se traduzca en un daño para el trabajador sino porque puede generar alteraciones de la salud, incluso la propia muerte, bien por algún tipo de dolencia directamente conectada con el sobre esfuerzo (paro cardiaco, ictus, etc.), o bien derivada de algún patología intermedia como el estrés (que desencadene un suicidio de origen laboral, por ejemplo). Además, el tiempo de trabajo, como duración de la exposición a los diferentes agentes o fenómenos nocivos, puede ser un factor a valorar en la lesividad de los diferentes agentes y riesgos laborales. Y, conviene no olvidar la organización del tiempo de trabajo, esto es, a aquellos factores de riesgo que se conectan con la organización de la jornada como el trabajo nocturno o a turnos.”

Desde el punto de vista normativo, seguramente, lo primero que puede llamar la atención al reflexionar sobre el tiempo de trabajo como factor de riesgos laborales es la práctica ausencia de referencias sobre el mismo en la Ley más emblemática al respecto, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL). Algún autor y alguna resolución judicial llegan a aseverar, quizás con excesiva contundencia, que los riesgos del puesto de trabajo están regulados en la LPRL (art. 25, por ejemplo) y los concernientes a la organización del tiempo en el Estatuto de los Trabajadores (trabajo nocturno y a turnos) (1) .

Esta omisión no significa, en absoluto, la falta de influjo del tiempo de trabajo y su organización en las alteraciones en la salud que ocasiona en el trabajador. Puede significar tan sólo la mayor antigüedad de las intervenciones limitativas de la jornada y de la instauración de descansos respecto a la intervención preventiva, punto de vista más reciente y moderno. De hecho, las intervenciones sobre limitación de jornada y establecimiento de descansos mínimos están presentes desde el origen fundacional del Derecho de Trabajo (Goerlich Peset, 2009, 17), siendo las primeras normas laborales referidas a la limitación de jornada con respecto a sujetos específicos (Ley Benot de 1873, por ejemplo)

De todas formas, en la propia Constitución Española (CE) se recogen expresamente los dos mecanismos tuitivos básicos con respecto al tiempo de trabajo: la limitación de jornada y la instauración de periodos de descanso retribuidos. La proximidad, incluso topográfica pues ambas confluyen en el art. 40 de la CE, a la seguridad e higiene evidencia la inclinación protectora de estas instituciones. De hecho, de los diversos contenidos del tiempo de trabajo (económico, organizativo o de flexibilidad, de reparto de empleo, etc.) la orientación hacia la seguridad y salud de los trabajadores es la única con relevancia constitucional expresa (Trillo Párraga, 2010, 132).

Además, la jornada es un factor más de las condiciones de trabajo que puede influir en la generación de riesgos para la seguridad y salud de los trabajadores. En concreto, se puede incluir dentro de los que derivan de la organización del trabajo, estos sí expresamente mencionados en la LPRL (art. 4.7.d). Sin duda, el número de horas de trabajo, la cadencia entre trabajos y descansos, el horario, etc. son aspectos que se insertan en la organización de trabajo.

El tiempo de trabajo puede originar una triple reflexión en cuanto a su percepción desde el punto de vista preventivo. En primer lugar, aparece como un factor de riesgo propio la prolongación de la jornada, el exceso de trabajo, no sólo porque a más tiempo de trabajo mayor probabilidad de que el riesgo se traduzca en un daño para el trabajador (2) (Trillo Párraga, 2010, 174), sino porque el exceso de trabajo puede generar alteraciones de la salud, incluso la propia muerte, bien por algún tipo de dolencia directamente conectada con el sobre esfuerzo (paro cardiaco, ictus, etc.), o bien derivada de algún patología intermedia como el estrés (que desencadene un suicidio de origen laboral, por ejemplo). Este primer aspecto se conecta con la jornada, máxima y extraordinaria, y con los descansos.

En segundo lugar, nos encontramos que el tiempo de trabajo, como duración de la exposición a los diferentes agentes o fenómenos nocivos, puede ser un factor a valorar en la lesividad de los diferentes agentes y riesgos laborales. Este segundo aspecto remite al tiempo de exposición, diferente con cada agente.

Y por último, nos referimos no tanto a la jornada sino a la organización del tiempo de trabajo, esto es, a aquellos factores de riesgo que se conectan con la organización de la jornada como el trabajo nocturno o a turnos. Aquí aludimos a aquellos aspectos relacionados con la distribución del tiempo de trabajo, esto es, con la alteración de la salud que puede ocasionar trabajar en determinados horarios o frecuencias.

Más allá de su confluencia en otros riesgos como factor de exposición a un agente nocivo, las reflexiones sobre el influjo del tiempo como aspecto vinculado a la organización de trabajo como riesgo laboral se suelen centrar en la dimensión cualitativa del tiempo de trabajo, esto es en su distribución, más que en la cuantitativa o duración (3) . Así, en el grueso volumen dedicado al análisis del influjo de la negociación colectiva en la salud y seguridad, al abordar el impacto de la organización del tiempo de trabajo sobre los riesgos tradicionales y emergentes no se recoge ninguna referencia a la extensión de la jornada, limitándose a mencionar como riesgos derivadas de la organización del tiempo de trabajo, los que derivan de los turnos y del trabajo nocturno (Tudela y Valdeolivas, 2009, 104 y ss.).

Sin embargo, nosotros vamos a centrarnos en la duración de la jornada como factor de riesgo laboral reflexionando en qué medida la sobrecarga temporal es un factor real de riesgo laboral.

El exceso a la japonesa: Karoshi

Al reflexionar sobre las consecuencias en la salud del exceso de jornada de trabajo es inevitable referirse al karoshi, concepto japonés popularizado en Occidente en la década de los noventa que, literalmente, significa muerte por exceso de trabajo (4) . Se utiliza para referirse a fallecimientos de los trabajadores y, por extensión, a las pérdidas significativas de su salud, ocasionados por la realización de jornadas de trabajo excesivamente largas (Kanal, 2009, 209) (5) , con una fuerte identificación emocional con la empresa y escasos descansos.

El término es comprensivo tanto de las muertes o las incapacidades laborales de origen cardiovascular debidas a la sobrecarga de trabajo (accidente cerebrovascular, infarto de miocardio, insuficiencia cardiaca aguda,…) como de otras muertes súbitas (por ejemplo, las relacionados con la demora en el tratamiento médico a causa de la falta de tiempo libre para ver a un facultativo) y también de los suicidios atribuidos al exceso de trabajo. En sentido estricto, recibe el nombre de karo-jisatu o suicidio por exceso de trabajo (6) (Kanai, A., 2009, 209). Aun cuando el término se acuñó en 1982 y se divulgó en Occidente, en la década siguiente, el primer caso documentado de karoshi se remonta a 1969. No obstante, inicialmente este tipo de eventos se visualizó como muertes súbitas ocupacionales. Contrariamente a lo que pudiera parecer las víctimas iniciales no eran ejecutivos, sino trabajadores a turnos, conductores, trabajadores de la prensa o televisión, de la construcción o vendedores (Nishiyama and Johnson, 1997).

En 2006 se reconocieron en Japón 560 indemnizaciones por daños de la salud (de ellos 213 eran fallecimientos) ligados a la sobrecarga de trabajo, incluyendo tanto las enfermedades cerebrovasculares como los desórdenes mentales (incluyendo la muerte por suicidio). Es relevante precisar que el 40% de los trabajadores afectados eran menores de 30 años. Dado el carácter extremadamente restrictivo de estos reconocimientos se ha estimado que en realidad el karoshi (y elkaro-jitasu) ocasionan la muerte de 10.000 trabajadores anualmente (Kanai, A., 2009, 210).

A nuestro juicio se debe soslayar la opción de visualizar el karoshi como un producto especifico de la cultura nipona (7) , ya que sin negar las singularidades culturales e históricas de este país, se debe tener en cuenta que:

  • La expresión death from overwork (muerte por exceso de trabajo), equivalente al término karoshi (de hecho se traduce así al inglés), se recoge ya en la obra “El Capital” al dar a conocer la noticia del fallecimiento de una modistilla londinense de 20 años, acaecida en 1863 y que realizaba jornadas de 16 horas diarias (Marx, 2007, 339). Es posible que la referencia fuera conocida cuando se acuñó el término japonés en 1982, pero en cualquier caso, la sobre explotación es un fenómeno latente en nuestra forma de producción que se reproduce allí donde la acción colectiva y la intervención tuitiva del Estado no llega, como en las relaciones laborales de los trabajadores extranjeros irregulares o sin papeles (8) .
  • El karoshi no es tanto un fenómeno exclusivo japonés como el resultado de un modo de gestión empresarial que, a pesar de denominarse Japanese production management(JPM), o modelo de gestión japonesa (Nishiyma and Johnson, 1997), vulgarizado en Occidente como toyotismo, es extrapolable a otros países y contextos. Este estilo de gestión se singulariza por reducir el coste de trabajo eliminando todo lo que no sea absolutamente esencial para la producción. En el ámbito laboral ese modelo de gestión se caracteriza por la individualización de las relaciones laborales y por la eliminación de los valores colectivos de los trabajadores, que son considerados como un lastre u obstáculo para la intensificación de la producción (Nishiyama and Johnson, 1997). En la medida que ese modelo de gestión se ha universalizado o, al menos, los valores que encierra se han generalizado en las empresas del resto del mundo, el reverso oscuro de este sistema, incluyendo el karoshi, puede extenderse a otros países y contextos. De hecho, Dejours estima que la evaluación individualizada del rendimiento y la calidad total, dos características intrínsecas del toyotismo, se aúnan para provocar la sobrecarga de trabajo que conllevan una explosión de patologías de sobrecarga, entre las que cita el burn out, el karoshi y los trastornos músculo-esqueléticos (Dejours, 2009, 200).
  • Si bien es cierto que las jornadas de trabajo en Japón superan lo habitual en otros países desarrollados (9) (Hida, 2008, 7), se debe matizar que la jornada legal es de 40 horas semanales y 8 diarias. Más allá de poseer ciertas singularidades normativas, como la inexistencia de un tope legal para las horas extraordinarias o un periodo vacacional inferior, con una media de 16 días para un trabajador fijo (Japón no ha ratificado el convenio 132 de la OIT sobre vacaciones remuneradas), es la prolongación irregular o de facto donde se singulariza Japón, ya que es el país con mayor número de horas extras no remuneradas (Mizunoya, 2002). De hecho, el trabajador sólo disfruta de una media nueve días de vacaciones (Hartani, 2001). Este dato alerta en el sentido de que también fuera de ese país factores extralegales pueden presionar para ocasionar jornadas excesivas, contraviniendo los límites legales.

Aunque se suele citar como causas de estas largas jornadas la necesidad permanente de los trabajadores de mejorar sus ingresos, en la estructura de las relaciones laborales centrada en la empresa y el estilo holístico de gestión de personal en el país (Hartani, 2001), nos encontramos con la pérdida de entidad de la persona del trabajador, de sus intereses y derechos, frente al valor social de la empresa y eso no es un fenómeno exclusivamente japonés.

¿Es la duración de la jornada un factor de riesgo laboral?

En principio podría parecer que la jornada excesiva se encuentra conjurado en nuestro sistema jurídico por la existencia de limitaciones de orden público del número de horas de trabajo y por el paralelo establecimiento de diversos descansos mínimos, por lo que las actuales reducciones de la duración del trabajo cumplen un objetivo distinto del preventivo, estando más orientadas a la conciliación o al reparto de empleo (Monereo y Gorelli, 2009, 58). El exceso de trabajo aparece como algo superado, ligado al sistema de producción fordista, si bien se denuncia que la implantación de una sociedad postindustrial con predominio del sector servicios conlleva flexibilizar la jornada de trabajo y la disponibilidad del trabajador en grandes periodos de tiempo (Lousada Arochena, 2009, 27).

Según se afirma la duración de la jornada debe extenderse por encima de las 50 horas semanales (80 horas según otras fuentes (10) ) para ser considerada un factor intrínseco de insalubridad laboral, duración que se estima como el límite del trabajo saludable (Monereo y Gorelli, 2009, 57), lejos en cualquier caso de lo permitido por la legislación comunitaria o interna.

Sin entrar a discutir la validez de esas cifras o límites, nunca serían absolutos como ilustra que en determinados trabajos se fijen mínimos legales inferiores (Cf. RD 1561/1995). Sin embargo, tres factores se deben sopesar para no eludir de manera demasiado rápida la existencia de este riesgo en nuestras relaciones laborales:

  • En primer lugar, como alerta Dejours, a la hora de ponderar la repercusión de la jornada de trabajo en la salud se debe tener muy presente el desfase irreductible que separa la organización prescrita del trabajo y la organización real de éste (Dejours, 2009, 42). Seguramente la distancia entre la jornada teórica y la real será muy significativa ya que nos encontramos en un sistema productivo donde la flexibilidad se consigue fundamentalmente a través de las horas extras realizadas por la propia plantilla, sin recursos a planificaciones complejas de la organización de trabajo. No es un secreto la existencia de un número importante de horas extraordinarias (De La Fuente Lavín, 2002,118), no declaradas, por encima de las legales (11) de tal manera que la jornada real media es una incógnita pero supera, seguro, el máximo legal (Alarcón Caracuel, 2007, 44). Además, las jornadas se vuelven más largas con los trabajadores con menor poder negocial (trabajadores extranjeros irregulares, por ejemplo).

    Según la “VI Encuesta nacional de condiciones de trabajo (2007)” la media de horas trabajadas por semana es de 39,89 horas, justo en el límite del máximo legal, pero por sectores tanto en el agrario (44,6 horas), como en el industrial (41,2 horas) o en la construcción (42,5 horas) se supera con holgura la jornada máxima (12) . Al tratarse de medias se debe suponer que existirán extremos que exceden de esa cifra. En este mismo sentido, el 45,6% de los trabajadores afirma que prolonga habitualmente la jornada y el 19% de todos los trabajadores lo hace sin ningún tipo de compensación adicional (13) .

  • Un segundo aspecto a considerar es que la limitación de la jornada y los diversos descansos se refieren a un trabajador en un único contrato de trabajo. Nada impide que el trabajador pluriempleado o pluriactivo supere el tope legal con la suma de las jornadas que realiza en cada empresa o actividad (14) . Aún más, podemos encontrarnos con un trabajador a tiempo parcial con diversos contratos, con una jornada por debajo de la habitual en cada marco de referencia, para el que no existen limitaciones para que la suma de sus jornadas parciales supere los límites de la jornada máxima o no se respeten los descanso inter jornadas o semanales, por ejemplo. Igualmente, como se comenta por algunos autores, la concentración en un mismo trabajador de altas dosis de flexibilidad interna y externa ocasiona que se pueda superar con holgura la jornada legal. Esto es, si a un trabajador temporal se le intensifica la jornada sin compensación puede llegar incluso a realizar 792 horas de trabajo por trimestre o 2.968 horas anuales. Se trata de un mecanismo legal pues la intensificación es aceptable y la compensación no ocurre porque se acaba el contrato, pero que puede producir que en los sucesivos contratos el trabajador supere con mucho la jornada legal, pues las limitaciones de jornada sólo se aplican en cada contrato (Baylos, Ruiz Castillo y Trillo, 2010, 6 y 8).

    Existen además otros colectivos ajenos a las limitaciones de la jornada como son los que ostentan un contrato de trabajo a domicilio, los trabajadores autónomos económicamente dependientes (TRADES) o diversas relaciones especiales como la de los representantes de comercio o la de los altos cargos directivos.

  • Un tercer aspecto a ponderar es que existen fórmulas de organizar el trabajo dentro de los marcos legales que pueden generar prolongadas estancias en el centro de trabajo aunque en periodos cortos de trabajo (15) , opción que se maximiza en el trabajo a turnos y que se extrema con las dobladas o jornadas de turnos continuas. Las reglas mínimas de la propuesta de Directiva comunitaria sobre el tiempo de trabajo propician esta interpretación flexibilizadora y contraria a la perspectiva preventiva, pues se llega a proponer validar como admisibles jornadas de hasta 60 horas en siete días en un promedio de tres meses, o de 65 en situaciones donde las guardias se consideren tiempo de trabajo. Como sentenciaba Fita Ortega la pugna entre la flexibilidad y la seguridad y salud de los trabajadores en la ordenación del tiempo de trabajo se decantó ya a favor de la primacía de la primera en las reformas de los años 90 y posteriores (Fita Ortega, 1999, 120).

Consecuencias en la salud

Como afirma Trillo Párraga es una quimera pensar que un trabajador puede superar los límites convencionales o legales referidos a la jornada de trabajo sin padecer daños en su integridad física y/o psicológica a pesar de que se cumplan las obligaciones específicas contenidas en la Prevención de Riesgos Laborales (Trillo Párraga, 2010, 243). Sin atender a las limitaciones de jornada y sin cumplir los descansos pertinentes no cabe un trabajo decente y seguro.

Las consecuencias negativas para la salud del trabajador que realiza largas jornadas de trabajo se vinculan a la sobrecarga de trabajo. Si entendemos que la carga de trabajo es "el conjunto de requerimientos psico-físicos a los que el trabajador se ve sometido a lo largo de la jornada laboral" (NTP 177) el exceso de jornada puede provocar tanto un sobre-esfuerzo físico como psicológico. Aunque se suelen calificar los riesgos laborales derivados del exceso de tiempo de trabajo como psicosociales (Rivas Vallejo, 2009,3) quizás se deba matizar ligeramente este aspecto. Es obvio que el tiempo de trabajo es un aspecto derivado de la organización de trabajo y que el exceso en su duración puede tener implicaciones nocivas para la salud del trabajador de forma mediata a través del estrés. Ahora bien, el tiempo es también una dimensión física del trabajo, por lo que puede producirse una sobrecarga por el volumen de trabajo, que genere una repercusión directa e inmediata en la salud, como resultado de un accidente de trabajo a consecuencias de la mayor fatiga del trabajador, por ejemplo.

De hecho, entre las consecuencias lesivas se pueden citar el aumento de riesgo de accidente de trabajo por un mayor cansancio, no compensando por descansos legales, una mayor propensión a sufrir enfermedades cardiovasculares o accidentes cerebro-vasculares y un incremento del estrés laboral y de las dolencias a él asociadas, incluidos supuestos de suicidio laboral. Además, el exceso de jornada puede estar asociado al presentismo laboral entendido como una presencia ineficaz en el trabajo ocasionado por una mayor presión laboral, que implica trabajar sin estar en condiciones para ello (Flores-Sandi, G., 2006). Obviamente, las largas jornadas y escasos descansos ocasionan, además, una evidente repercusión negativa en la vida personal y familiar del sujeto, aspectos que inciden en la salud del trabajador afectado.

Procedemos a realizar un expurgo de la jurisprudencia que, sin pretender agotar la materia, ilustre sobre algunas posibles consecuencias lesivas en la salud del exceso de jornada.

  • El exceso de jornada y el incumplimiento de los descansos preceptivos ocasionan un incremento del riesgo de accidente de trabajo. Así, en la STSJ Cataluña 7951/1999, Sala de lo Social, de 8 noviembre, se considera que la causa eficiente del accidente sufrido por el trabajador, un conductor, fue la prolongación de la jornada y la falta de descanso entre jornadas. De manera similar en la STSJ País Vasco 272/2001 (Núm. 5), de 22 junio, se considera que la muerte en accidente de tráfico del conductor debe calificarse como accidente de trabajo dada la vinculación directa entre el evento y el incumplimiento de jornada por parte de la empresa (16) .
  • El exceso de trabajo puede generar estrés laboral y la desatención de este riesgo se considera infracción de las obligaciones preventivas y contractuales del empresario y, por tanto, motivo suficiente para la resolución indemnizada del contrato ex art. 50 LET. Así, en la STSJ Madrid 796/2005, de 5 octubre, se constata que el trabajador efectúa largas jornadas de trabajo (cerca de 12 horas diarias sin apenas pausa para comer) y a pesar de ser diagnosticada su baja como estrés laboral (17) , la empresa se niega a tomar ninguna medida, ni a reducir su jornada, ni a dotarle de otros medios humanos, peticiones que reitera el trabajador varias veces. Todo ello lleva a que el Tribunal entienda que el empresario ha incumplido su obligación de preservar la salud del trabajador, de tal manera que la situación lesiva se ha agravado convirtiéndose en un síndrome ansioso depresivo, sin que el hecho de que el trabajador fundamentara su demanda en sufrir acoso laboral sea obstáculo para ello.

    Se debe remarcar que la situación de estrés puede producir o coadyuvar al surgimiento de otras patologías como las que mencionamos seguidamente.

  • Las enfermedades cardiovasculares (infarto de miocardio) o los accidentes cerebro-vasculares (ictus) pueden ser ocasionados por el exceso de trabajo, por la sobrecarga temporal de trabajo. Así parece inferirse, por ejemplo, de lo relatado en la STS, de 14 de abril de 1988, donde el fallecimiento del trabajador por infarto de miocardio se considera accidente de trabajo, debido al estrés laboral, soportando una jornada de trabajo mayor de la normal hasta el punto de que en año anterior a su muerte había disfrutado únicamente de ocho días de vacaciones (18) . Téngase en cuenta que dada la dicción del art. 115.1 LGSS que considera accidente de trabajo los que ocurren tanto con ocasión como los acaecidos por consecuencia del trabajo, se admite una conexión directa o indirecta con el trabajo. Además, dada la presunción a considerarlo el evento lesivo accidente de trabajo si ocurre en tiempo y lugar de trabajo (art. 115.3 LGSS) las sentencias no suelen necesitar remarcar aspectos como éste de la sobrecarga temporal de trabajo para apreciar estas enfermedades como accidentes de trabajo.
  • La sobrecarga temporal o el exceso de trabajo puede inducir una situación depresiva, reactiva a estrés laboral, que incluso puede culminar con el suicidio del trabajador. Así, en la STSJ Madrid 323/2008, de 31 de marzo, se considera que el suicidio deriva de una situación de estrés que a su vez fue generado por la presión continua de la dirección para la realización de horas extras. Se trata de un trabajador, hornero, con un horario de 1.826 horas y que el año anterior a su muerte había realizado más de 525 horas extras irregulares o fuera de nómina. La personalidad previa, especialmente puntilloso y cumplidor en este caso, no es óbice para que se considere que la causa eficiente de la autolisis sea la sobrecarga de trabajo (19) .

Repercusiones jurídicas

Desde el punto de vista jurídico es necesario remarcar algunos aspectos sobre los riesgos y daños que derivan de la realización de una jornada superior a la legal o sin respetar los descansos mínimos. Debe precisarse que, en general, la existencia de un accidente de trabajo o de un riesgo laboral, no conlleve necesariamente la existencia de una conducta dolosa por parte del empresario. Sin embargo, al tratarse de un incumplimiento de una norma de derecho necesario, como es la que concierne a las jornadas máximas y descansos mínimos, siempre estaremos ante un incumplimiento contractual y además ilícito.

  • La vulneración de las normas sobre jornada, tiempo de trabajo y de descanso ha de considerarse también una infracción de las normas de Prevención de Riesgos Laborales siempre que, al incumplirse aquellas normas, se haya generado o incrementado un riesgo para la salud y seguridad de los trabajadores (Cf. en este sentido STSJ Cantabria 16/07/2004).
  • La lesión o pérdida de salud que guarde relación directa con la prolongación de la jornada y con la inobservancia de los descansos se debe reputar como accidente de trabajo. Es cierto que la presunción de laboralidad del evento lesivo acaecido en tiempo y lugar de trabajo restringe la importancia de esa implicación. Pero debe recordarse que el concepto de accidente de trabajo también comprende los estallidos lesivos ocurridos fuera del tiempo y lugar de trabajo, ajenos a la presunción de laboralidad, por tanto, y que, sin embargo, pueden reputarse como accidentes laborales de existir una conexión con la realización de una jornada excesiva de trabajo. Si bien aquí quien lo afirme estará obligado a probar la relación causal (véase en este sentido STSJ Madrid 323/2008, de 31 de marzo, donde el suicidio que ocurre fuera del tiempo y lugar de trabajo se califica como accidente de trabajo dado su conexión con la excesiva jornada realizada).
  • Entendemos, de acuerdo con lo afirmado más arriba en el punto uno, que es de aplicación el recargo de prestaciones cuando la prestación deriva de un incumplimiento empresarial de la normativa sobre jornada y descansos (Cf. en este sentido STSJ Cataluña 7951/1999, Sala de lo Social, de 8 noviembre).
  • Las infracciones o incumplimientos referidos a la jornada y descansos pueden entenderse como causa suficiente para la resolución del contrato por incumplimiento de las obligaciones contractuales ex artículo 50 del ET (Cf. en este sentido la STSJ Madrid 796/2005, de 5 de octubre), entendiéndose que la inobservancia de las normas garantizadoras de la seguridad y salud constituyen un incumplimiento del contrato de trabajo (Rivas Vallejo, 2009,88).
  • Por último, cabe considerar el incumplimiento de la normativa que genere un daño a la salud de los trabajadores como un ilícito administrativo (la LISOS en el artículo 7.15 recoge expresamente la infracción por incumplimiento de la jornada, pero también sería de aplicación, en su caso, el art. 8.16) o penal. Por ejemplo, la SAP Madrid, Sección 23ª, 63/2004 de 12 julio, considera aplicable el art. 311.1 CP a una situación donde a los trabajadores, menores de edad, se les somete a un trato laboral sin tener cuenta ninguna medida de seguridad e incumpliendo las normas sobre jornadas máximas y descansos.

El hecho de que la sobre-carga de trabajo, desde punto de vista temporal, conlleve normalmente la vulneración de la normativa sobre jornadas y descansos no debe inducir a pensar que no se pueda realizar una actividad preventiva al respecto. Se trata de un factor de la organización del trabajo, susceptible de ser dispuesto de otra manera, y que implica no sólo un desgaste o riesgo para el trabajador sino también un ilícito laboral (administrativo, contractual e incluso penal). Sólo la relectura de las relaciones laborales desde la compresión del trabajador como un sujeto de derechos, a quien la excesiva jornada siempre degrada, puede posibilitar un cambio transcendente en este ámbito.

En cualquier caso sería oportuno establecer algún tipo de limitación o control, al menos, sobre las situaciones que se escapan de las limitaciones legales de la jornada como pueden ser el pluriempleo, la pluriactividad o el trabajo a domicilio.

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