Dice el Editorial de La Nación en su artículo “Lucha contra la deserción 

La deserción está en retirada en la quinta parte de los planteles educativos. Algo sucede en ese 20% que no ocurre en el 80% restante. El estudio de los factores de éxito debe comenzar por los alumnos mismos. Escucharlos y traducir sus respuestas en acciones y políticas es un camino seguro de mejoramiento.”…

Ciertamente, “Algo sucede en ese 20% que no ocurre en el 80% restante”; Y ese Algo, que Hace la Diferencia Es que en ese 20% los Estudiantes Encuentran en el propio Centro Educativo, lo que Necesitan para Seguir Estudiando: Motivación, Alimentación, Transporte, Implementos e Útiles, Equipos, Etcétera; Cosa que No ocurre en el 80% Restante.

Y ¿Por qué No ocurre en el 80% Restante? Simple y sencillamente porque el MEP y su Ministro, en pasados Gobiernos Neoliberales (o Políticos Partidistas, como prefiera llamarlos), se ha dedicado a Desarrollar e Implementar Políticas Partidistas para sus Programas e Instituciones; tal y como consta y se deduce de la serie de artículos “Deserción ganó terreno en siete de cada 100 colegios del país”.

En Vez de Desarrollar e Implementar Políticas Educativas para sus Educadores, Estudiantes y Centros Educativos; tal y como consta y se deduce de la serie de artículos; “Mística de docentes salvó a 6 000 colegiales de desertar”.

Y es que, tal y como consta y se deduce del artículo el “Hambre no es la única razón que obliga a estudiantes de Costa Rica a dejar aulas”; Sí el estudiante pobre y rural o indígena tuviera transporte público suplido por el MEP para evitar largas y kilométricas caminatas, todos los días, para ir a su Escuela o Colegio; Sí le dieran el Uniforme, los Útiles e Implementos, los Libros de Texto, Etcétera, en Vez de una Beca de Avancemos que No se sabe si la aprovechan o si llega a quien tiene que llegar; el Cuento sería Otro.

Sí el estudiante pobre y urbano o marginado también tuviera transporte, …, etcétera y además Red de Cuido en su propia Escuela, Centro de Cómputo, Gimnasio y Programas Musicales, Deportivos, Científicos, Culturales, Etcétera en su propio Colegio; en Vez de una Beca de Avancemos que No se sabe si la aprovechan o si llega a quien tiene que llegar; el Cuento también sería Otro.

Óscar González, de 15 años, dejó los estudios para ayudar a su familia a comprar comida. El joven es el quinto de seis hermanos. | ÉDGAR CHINCHILLA

Óscar González, de 15 años, dejó los estudios para ayudar a su familia a comprar comida. El joven es el quinto de seis hermanos. |

 

Lucha contra la deserción EDITORIAL, LA NACIÓN

Seis mil colegiales permanecen en las aulas por la influencia determinante de sus profesores. Es un logro extraordinario, atribuido por los propios alumnos a sus educadores en la serie de reportajes especiales publicada a partir de ayer en este diario, enriquecida por la imagen y el sonido en el sitio nacion.com.

El deporte, la administración eficiente, el consejo oportuno y hasta el transporte están entre las variopintas explicaciones del éxito, pero detrás de cada una de ellas hay un docente preocupado por retener a sus alumnos en las aulas. Esa mística es insustituible en nuestro sistema educativo y también en nuestra sociedad.

Hay retos formidables. Todos lo sabemos y el inventario es amplio. La deserción está lejos de su definitiva derrota, pero esa realidad no debe impedir celebrar las victorias y proponerlas como ejemplo, porque no todas las zonas del país y no todos los centros educativos exhiben buenos resultados.

Si la deserción está en retirada en la quinta parte de los planteles educativos, algo sucede en ese 20% que no ocurre en el 80% restante. Es preciso estudiar las diferencias y aprender de ellas para nivelar el terreno. En el San Luis Gonzaga, en Cartago, la deserción es bajísima en comparación con otros liceos de gran tamaño. En Limón, la reducción del fenómeno es mayor que en otras provincias.

El estudio de los factores de éxito debe comenzar por los alumnos mismos. Escucharlos y traducir sus respuestas en acciones y políticas concretas es un camino seguro de mejoramiento. Son los estudiantes quienes mejor conocen las razones de su permanencia en el sistema educativo.

Jesús Viales, acostumbrado a sembrar yuca a 30 grados de temperatura en Upala, mantiene vivo el sueño de estudiar zootecnia porque sus profesores y el director del colegio nunca dejaron pasar la oportunidad de insistirle sobre la importancia de perseverar en los estudios.

Para Lidia María Mayorga, la diferencia está en el transporte que la salva de seguir caminando tres kilómetros hasta su casa en Hojancha de Guanacaste, luego de un largo viaje en autobús. Los rumores de la retirada de Lidia a solo seis meses de concluir sus estudios en el Colegio Técnico Profesional de Hojancha desataron un torrente de conversaciones entre la alumna, sus condiscípulos y profesores para convencerla de reconsiderar la mala decisión y hallar en conjunto una solución.

Anthony Mejía, alumno del Colegio de Pacuare, abandonó las aulas frustrado por sus bajas calificaciones. La directora de la institución y miembros de la Fundación Acción Joven lo visitaron en varias oportunidades para hacerle ver la necesidad de reintegrarse al sistema educativo. Como recurso adicional, le ofrecieron participar en el equipo de críquet del colegio. Anthony recuperó la confianza, declara su deseo de seguir una carrera universitaria y dice sentirse importante para sus profesores.

Historias como esas se repiten, con las modificaciones del caso, a lo largo de la geografía por donde se reparten los 6.000 casos de alumnos rescatados de la trampa de la deserción. No es casualidad que los liceos donde estudian los tres alumnos citados estén entre los más exitosos en el combate contra la deserción, junto al liceo diurno de Limón, el nocturno José Martí, de Puntarenas, y el técnico de Liberia.

Isabel Román, investigadora del programa Estado de la Educación, advierte sobre la necesidad de no ver la lucha contra la deserción como un fin en sí mismo. La calidad de la formación es el fin último y la permanencia en las aulas debe ser vista como un requisito indispensable, no como la meta final. Costa Rica superó hace mucho el momento en que la alfabetización podía verse como un logro. El país necesita mucho más que eso.

Sin embargo, solo 46 de cada 100 alumnos logran culminar los estudios. El resto se arriesga a percibir un 20% menos de ingresos por el resto de sus vidas, según los estudios de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Rescatarlos de ese destino es un imperativo nacional.

Deserción ganó terreno en siete de cada 100 colegios del país

Para diciembre del año pasado, casi la mitad de los pupitres del colegio nocturno Alfredo González Flores, en el centro de Heredia, se había quedado sin dueño. De sus aulas se esfumaron 579 de los 1.313 alumnos matriculados a inicios de año (44%). En el tercer nocturno más grande del país, los salones de clase están cada vez más vacíos. Sus cifras de abandono ascienden desde 2011, cuando 30 de cada 100 estudiantes no regresaron a clases.

Ese colegio herediano forma parte de las siete de cada 100 secundarias a las que se les salió de las manos el control de la deserción estudiantil. En ese 7% de instituciones, que suman 44, no solo fue imposible contener la fuga de 2.045 alumnos en 2011, sino que esa cifra se duplicó hasta alcanzar los 4.400 jóvenes el año pasado.

El deterioro de los números lo evidencia un estudio hecho por La Nación a partir del análisis de bases de datos de matrícula y #desercióncr, de 643 centros públicos en todo el país entre 2011 y 2013.

Las causas detrás de la salida de alumnos varían dependiendo de la ubicación geográfica de cada uno de esos colegios y de si son diurnos o nocturnos. Por ejemplo, en el Alfredo González Flores achacan el alto abandono al desinterés de los alumnos y a la inseguridad en los alrededores del liceo.

Mientras tanto, en el Liceo Diurno Rodrigo Solano Quirós, en Siquirres de Limón, ven a la pobreza como el principal detonante. En ese centro, el 31% de los estudiantes (158) renunció a los libros el año pasado. En 2011, la cifra fue de 7%. El empeoramiento del indicador de deserción en el Rodrigo Solano fue el más grave entre todas las secundarias examinadas.

Otros factores que propician el abandono son los embarazos adolescentes y la distancia entre la casa y el centro educativo de los jóvenes. En general, los muchachos más susceptibles a salir del colegio son los que cursan el séptimo año, seguidos por los de décimo.

Factores de fuga

El director de este colegio habla de alumnos que se matriculan, pero no van a clases. Lo hacen para cumplir medidas cautelares, por ejemplo.

El creciente abandono estudiantil se concentra en 18 de las 27 direcciones regionales del Ministerio de Educación Pública (MEP), pero el foco principal está en las de Puntarenas y Liberia. En casi una quinta parte de sus instituciones, la deserción no paró de subir, (3 y 4 colegios, respectivamente). También encabezan esa lista las regionales de Santa Cruz, la Zona Norte y Limón, donde más de una décima parte de sus centros presenta el problema.

Al dejar inconcluso el colegio, cada uno de los desertores está sentenciado a ganar un salario hasta un 20% menor por el resto de su vida, advierte un estudio de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (Cepal).

La condena remacha sobre la realidad en las zonas costeras y limítrofes, donde tradicionalmente es bajo el desarrollo, comenta Dagoberto Murillo, investigador del programa Estado de la Educación. Esas regiones también sufren mayores brechas en el acceso a tecnología y en la oferta educativa, lo cual hace más empinado el camino para derrotar la deserción.

Falta de comunicación debilita lucha contra deserción

En la última década, el país redobló esfuerzos para aminorar la fuga de alumnos y mejorar la calidad de la enseñanza. Se impulsaron programas de becas como las de Avancemos del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) y subió la inversión en infraestructura a más de ¢30.000 millones anuales en el último trienio.

A las ayudas socioeconómicas se sumaron el fomento del arte, la promoción del deporte, los cambios en los programas de estudio y reformas como el el “arrastre” de materias para que los estudiantes solo repitan las asignaturas perdidas.

Sin embargo, esas estrategias no dan frutos por igual en todos los colegios. Eso se debe, en gran medida, a la falta de coordinación entre las instituciones que intervienen en la educación de los jóvenes, advierte Isabel Román, coordinadora del programa Estado de la Educación.

Dependiendo del contexto del alumno, el abordaje integral podría incluir no solo al MEP y al IMAS, sino también al Patronato Nacional de la Infancia (PANI), el Ministerio de Salud, el Ministerio de Trabajo y hasta a la Fuerza Pública.

“En algunos colegios parece haber una sinergia virtuosa, pero en otros más bien estamos ante una enorme desconexión con pocos resultados. Es lo que pasa con Avancemos: das la beca, pero no hay un seguimiento cuerpo a cuerpo para ver cómo le está yendo al chico y qué apoyo necesita”, subraya Román.

Producto de esa carencia se desaprovecha la posibilidad de vigilar aspectos como el rendimiento y las ausencias de los beneficiarios, que podrían alertar sobre cuándo intervenir, critica Jennyfer León, investigadora del Estado de la Educación.

“Entregar un cheque de Avancemos es exactamente como cuando un banco da un préstamo y se le otorga el derecho de acceder a la información y monitorear al cliente”, afirma. + Leer más… Sistema de alerta

Los pendientes de la educación

De cara a las transformaciones que este siglo ha traído a la forma de enseñar, cada uno de estos expertos plantea un reto que la educación costarricense debe acometer para formar mejor a los jóvenes.

Isabel Román

COORDINADORA DE INVESTIGACIÓN
INFORME ESTADO DE LA EDUCACIÓN

"Es indispensable elevar la calidad de los docentes que están al frente de las aulas y que día a día interactúan con nuestros jóvenes"

Jennifer León

INVESTIGADORA DEL INFORME
ESTADO DE LA EDUCACIÓN

"Hace falta implementar estrategias de atención diferenciada porque son muy distintos los factores que influyen para que un estudiante deserte"

Mauricio Portillo

FUNDADOR INICIATIVA
CONTRA LA DESERCIÓN

"Hay que entender la deserción como un proceso y no un evento. Señales como ausentismo y bajas notas permitirían crear un sistema de alerta temprana"

Mística de docentes salvó a 6 000 colegiales de desertar

De no ser por los esfuerzos en 142 colegios públicos, hoy habría 6.000 colegiales menos en las aulas donde estudian más de 320.000 muchachos. Yocelyn Gómez no estaría planeando su futuro en la universidad, Kevin González seguiría trabajando en una construcción y Eduardo Vargas no habría descubierto que es capaz de sacar buenas notas. Aunque habían dejado sus estudios, estos tres limonenses tuvieron una segunda oportunidad porque sus profesores no se dieron por vencidos hasta verlos regresar a clases.

El plan para traerlos de vuelta incluyó visitas de los docentes a sus casas, tutorías, becas y motivación mediante el arte y el deporte. Todo eso con una dosis de calor humano para hacerlos sentir importantes. Sus colegios, el Diurno de Limón y el de Pacuare, en esa misma provincia, destacan en esa quinta parte de secundarias públicas donde la cantidad de desertores cayó de forma sostenida entre 2011 y 2013.

En todas esas instituciones, la fuga de alumnos disminuyó de casi 11.000 en 2011 a 4.600 el año pasado. Mientras eso sucedía, su matrícula se mantuvo por encima de los 60.000 jóvenes. Al reducir el abandono de las aulas en un 57%, estos colegios fueron vitales para lograr la menor tasa de deserción de la última década: un 10% el año pasado.

Las cifras surgen de un análisis de La Nación hecho a partir de bases de datos del Ministerio de Educación Pública (MEP), las cuales contienen la información de matrícula inicial y abandono a final de año en las 643 instituciones que existían en 2011 en todo el país. Se estudió su comportamiento para ese año y los dos siguientes, tanto en el plano general como por modalidades (académica y técnica diurna y nocturna).

La baja consecutiva en la #desercióncr de esos 142 centros se destaca en medio de resultados cambiantes que presentan otros 429 colegios (67% del total examinado), donde la tendencia es un sube y baja, de un año a otro.

En otro 7% de instituciones el indicador de abandono estudiantil incrementó y solo en un 4% la cantidad de desertores se mantuvo o del todo no hubo retirada de alumnos entre 2011 y 2013.

Además de la mística docente, en el Colegio Técnico Profesional (CTP) de Liberia atribuyen la retención de estudiantes a los cambios en los planes de estudio, como los realizados en Matemática, Ciencias y Educación Física.

“Las reformas de los programas nos ayudan a interesar a los estudiantes en la materia”, asegura Erick Espinoza, profesor de Música en ese colegio.

Además, han desempeñado un papel relevante las mejoras en el comité de evaluación para adecuaciones curriculares, las becas de Avancemos y las de transporte.

“Liberia es muy caliente como para trasladarse a pie desde barrios como Nazareth, a diez kilómetros del colegio. El esfuerzo por abrir nuevas rutas de buses una herramienta esencial para combatir el ausentismo”, comenta Milton Rojas, director del colegio.

Las ayudas sociales también promovieron mejores indicadores en la sección nocturna del CTP de Hojancha, en Guanacaste. Allí, la distancia y la pobreza son las mayores barreras para mantener a los alumnos en las aulas, dice Braulio Miranda, rector del centro.

La institución dio la lucha por el derecho a obtener becas del programa Avancemos y por abrir rutas de transporte a comunidades localizadas a dos horas de distancia. Tras ganar la batalla, la #desercióncr bajó de 51% en 2011 a 13% dos años después.

En otros colegios, como el de Pacuare, sobresale el apoyo de la Fundación Acción Joven, una organización privada que trabaja con docentes y alumnos para resolver los problemas que causan la exclusión.

Las estrategias.

Conozca cómo influyeron una banda, el ‘cricket’ y los docentes para poner freno a la fuga de estudiantes en los colegios de Pacuare y Limón.

El impacto positivo de un profesor comprometido también lo reconocen los investigadores del Estado de la Educación. Sin embargo, Isabel Román, coordinadora de ese programa, advierte que la lucha contra la exclusión no puede depender solo de la buena voluntad de un docente o director comprometido con su trabajo.

Román considera urgente la creación de un sistema de monitoreo que vigile aspectos como rendimiento y ausentismo para alertar a los centros educativos, direcciones regionales y al MEP sobre potenciales desertores. Además, subraya que el Ministerio debe centrar la atención en el reclutamiento y contratación de funcionarios, no solo para atraer a los mejores, sino también para darles condiciones que propicien un buen desempeño.

“El enlace principal del estudiante es con el docente. Si este no está comprometido porque da clases hasta en cuatro colegios, no da lecciones atractivas o no se interesa por los alumnos, persistirá una debilidad estructural y seguiremos renqueando”, vaticina la investigadora.

Esos cambios no se vislumbran en el corto plazo. El exministro de Educación, Leonardo Garnier, argumenta que las mejoras en el proceso de selección de docentes y la posibilidad de garantizar que den clases en un solo colegio dependen de un cambio en el Estatuto del Servicio Civil.

Provincias con más deserción redoblan esfuerzos por bajarla

Como Yocelyn Gómez, quien este año se graduará del Liceo Diurno de Limón y planea entrar a la Universidad de Costa Rica (UCR), otros jóvenes limonenses tienen ahora más incentivos para quedarse en el colegio.

En la provincia caribeña, 20 de las 74 secundarias disminuyeron la deserción continuamente entre 2011 y 2013. En esas instituciones solo desertaron ocho de cada 100 estudiantes. Tres años atrás, lo hacían 21. Así, Limón alcanzó las mejoras más significativas del país, junto con Puntarenas.

En esa otra provincia costera, 26 de los 100 colegios redujeron el abandono escolar a la mitad. Pasaron de 22 a 11 desertores por cada 100 alumnos en los últimos tres años. El Colegio Nocturno José Martí es donde más disminuyó la salida de alumnos. En 2011, la institución cargó con la segunda peor deserción del país (59%), pero el año pasado la logró bajar a un 23%.

“Desde que llegué a la dirección en 2012, le hemos puesto ganas. Conseguimos más becas de Avancemos, abrimos un comedor, retomamos un grupo de teatro y celebramos convivios. No solo en los diurnos se deben promover actividades extracurriculares”, dijo Christian Mondragón, director del José Martí, quien también destacó la relevancia de la capacitación brindada por Acción Joven. “Aprendí mucho sobre las prácticas de los directores exitosos”, enfatizó.

Las mejoras en Limón y Puntarenas son particularmente relevantes por ser las dos provincias donde más alumnos se pierden. Si bien ahora son menos, los retos para ambas regiones siguen vigentes.

“Faltan, por ejemplo, psicólogos y trabajadoras sociales para atender los casos más fuertes. Al nocturno vienen muchachos que no se adaptaron al sistema”, puntualizó Mondragón.

El San Luis Gonzaga: el colegio más grande del que pocos se van

Todas las mañanas, más de 2.600 estudiantes cruzan los portones de los tres edificios del colegio San Luis Gonzaga, en Cartago. Esta institución pública, con más de un centenario de existencia, congrega la mayor cantidad de alumnos entre las 484 académicas diurnas del país.

A pesar de eso, cuando finaliza el curso lectivo muy pocos de sus pupitres quedan vacíos. En promedio, solo el 2% (65) de los estudiantes desiste de continuar su educación. Una de las claves de la permanencia de los jóvenes radica en un programa de inducción para sétimos y décimos, grados donde se fuga el mayor porcentaje de alumnos, revela Franklin Solano, director de la secundaria.

Ambos programas se enfocan en charlas sobre métodos de estudio para enfrentar nuevas materias y profesores, fortalecer valores y conocer los alcances de la Ley Penal Juvenil. Al finalizar la semana, los muchachos asisten a un paseo para estrechar la confianza y la amistad.

“Quizás algunos ven la inducción como una pérdida de tiempo, pero prefiero que no se abrumen por el cambio de un año a otro. Es ganar tiempo para que no se vayan”, dice Solano. + leer más … Prestigio atrae a alumnos

Permanencia en las aulas no basta si falta educación de calidad

Retener a más estudiantes en los colegios es un paso clave, pero la meta más importante es que permanezcan en las aulas hasta terminar una formación de calidad. Esa debería ser la prioridad de la educación costarricense, coinciden los investigadores del Informe del Estado de la Educación.

“Hemos hecho del combate a la deserción un fin en sí mismo cuando no lo es. No se trata de retener por retener a los muchachos, sino de que culminen una educación de calidad y eso no lo estamos logrando”, señala Isabel Román, coordinadora del Informe.

A criterio del exministro de Educación, Leonardo Garnier, su gestión apostó por atender las carencias de calidad mediante reformas a los programas de estudio, cuyo fin es promover la formación de alumnos más críticos y capaces de solucionar problemas.

Con esas modificaciones curriculares la esperanza es que baje el fracaso escolar y que los jóvenes estén más contentos con el aprendizaje. Sin embargo, el impacto de estos cambios depende de que los docentes del MEP estén preparados para aplicarlos, señala Garnier.

El reto de capacitar a miles de docentes es mayor al considerar que provienen de más de 250 carreras de educación de distinta calidad. Garnier también coincide en que la deserción como indicador es relevante, pero no es lo esencial.

“Es muy importante bajarla, pero ese es un indicador secundario del principal, que es la tasa de cobertura, es decir, el porcentaje de muchachos que está en el colegio y se mantiene ahí”, dijo.

En la actualidad, la cobertura bruta de secundaria ronda el 90%; no obstante, apenas 46 de cada 100 jóvenes culmina sus estudios. En el caso de estudiantes de hogares donde la educación de los padres no supera la primaria, las probabilidades de éxito se reducen a una tercera parte.

Según Román, el mejor antídoto para combatir la deserción es ofrecer una educación de tal calidad que motive a los alumnos a terminar sus estudios. Prueba de ello son los nueve colegios científicos del país, donde no existe el abandono estudiantil.

DEJAR INCONCLUSO EL COLEGIO LIMITA LAS POSIBILIDADES DE UN FUTURO MEJOR, PUES CONDENA A LOS JÓVENES A SER UN 20% MÁS POBRES EL RESTO DE SUS VIDAS, CONCLUYE UN ESTUDIO REALIZADO POR LA COMISIÓN ECONÓMICA PARA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE.

Hambre no es la única razón que obliga a estudiantes de Costa Rica a dejar aulas

No solo el hambre y la pobreza pesan en la decisión de un joven para abandonar sus estudios.

Aunque los datos lo sugerían, la hipótesis ahora cuenta con respaldo de un estudio del IV Informe Estado de la Educación : las causas de la exclusión escolar varían significativamente según la región y el centro educativo.

La investigación abarcó a 225 adolescentes que abandonaron las aulas en los cantones de San Carlos y Limón, e identificó cuatro grupos, cada uno con una causa común para salir del colegio.

Se trata de los “insatisfechos”, o excluidos por falta de apoyo docente; los “pobres”, o quienes dejaron los estudios por causas sociales y de rendimiento; los “caminantes”, o quienes llegan a su centro educativo a pie; y “las mujeres”, que dejaron el sistema por razones ligadas al género.

Óscar González, de 15 años, dejó los estudios para ayudar a su familia a comprar comida. El joven es el quinto de seis hermanos. | ÉDGAR CHINCHILLA

Óscar González, de 15 años, dejó los estudios para ayudar a su familia a comprar comida. El joven es el quinto de seis hermanos. |

Según resaltó la directora del Estado de la Educación, Isabel Román, los resultados del estudio reiteran que los excluidos no son un grupo homogéneo.

“Avancemos es muy importante, pero no podemos montar en él toda la estrategia de lucha contra la deserción cuando se trata de un grupo que varía tanto por zona y colegio”, advirtió Román.

Este hallazgo, insistió Román, nos obliga a diseñar estrategias diferenciadas no solo por región, sino también por institución.

El año pasado, Avancemos otorgó ¢48.750 millones en subsidios a unos 145.000 colegiales.

“En la encuesta de hogares, un 30% decía que no le interesaba. Siempre nos preguntamos, ¿qué significa que no les interesa?”, añadió el investigador del informe, Dagoberto Murillo.

“Estamos afinando el lápiz y ahí hay una gran revelación: si el docente no se interesa o no usa estrategias atractivas, los chicos se aburren y se van”, explicó.

En 2012, la deserción en secundaria rondó el 10,7%, lo cual equivale a unos 38.000 estudiantes.

Mauricio Portillo, profesor y experto en deserción, subrayó la estrecha relación entre abandono escolar y rendimiento académico.

Según la investigación, la probabilidad de desertar es tres veces mayor para un alumno que repitió algún grado de primaria, que para uno que no lo hizo.

“Este fenómeno es muy similar en todo el mundo y, sin embargo, no se ha creado ningún mecanismo para dar apoyo extra”, opinó.

Además, aseguró que el propio sistema se encarga de impedirles a los docentes dar atención diferenciada a los jóvenes en riesgo.

Beatriz Ferreto, de la Asociación de Profesores de Segunda Enseñanza (APSE), cree que bajar la exclusión dependerá de una política que trascienda al Ministerio de Educación Pública (MEP). “Soy defensora a muerte del sistema de becas, pero no es suficiente”, dijo.

Leonardo Garnier, ministro de Educación, negó que la estrategia contra este problema dependa solo de Avancemos y resaltó esfuerzos como las becas de transportes, reformas en la evaluación (como el arrastre de materias) y la promoción de la convivencia.

Garnier también resaltó la aplicación del programa Proeduca que, con fondos MEP y la Unión Europea (8,5 millones de euros cada uno), pretende combatir la exclusión en los 80 colegios más problemáticos: “Está ya en ejecución en sus primeras fases y esperamos que hará una diferencia significativa en estos colegios, que son los que mantienen alta la deserción nacional”, concluyó Garnier.

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