El estatismo es una corriente o filosofía política que enfatiza el rol del Estado en el funcionamiento y la administración política del país; esto es, el Estado visto como una institución política y administrativa homogénea dedicada a utilizar su poder social para imponer sus políticas públicas sobre la sociedad o ciudadanía para mantenerla pasiva o evitar que ofrezca resistencia compuesta por gremios, sectores sociales o grupos de personas.

En el sentido económico el estatismo promueve que el Estado sea el legítimo director de la economía nacional, mediante la creación y formación de empresas estatales y otros tipos de herramientas económicas a las que el gobierno pueda recurrir; tales como la planificación económica.

 

 

En el sentido filosófico el estatismo promueve que la soberanía no está en el Pueblo sino en el Estado: “La soberanía no reside en el pueblo sino en el Estado nacional, y que todos los individuos y asociaciones existen con el solo propósito de mejorar y desarrollar el poder, el prestigio, y el bienestar del Estado. El concepto de estatismo, que a veces se considera sinónimo con el concepto de nación, y corporativismo repudia el individualismo y exalta a la nación como un cuerpo orgánico encabezado por el Líder Supremo y alimentado por unidad, fuerza y disciplina.” (Plano, Jack C, ed. (1973), «statism», Political Science Dictionary, Dryden Press)

Así entonces el estatismo como corriente o doctrina filosofía política se acerca al socialismo de estado, término hace referencia del uso del poder del Estado para acabar con la sociedad burguesa y el sistema capitalista por decreto y por medio del traspaso de áreas económicas y administrativas al Estado socialista en algún tipo de gobierno revolucionario.

Tanto como filosofía política como corriente económica, el estatismo se opone diametralmente al libertarismo o liberalismo; que es es una corriente filosofía política que defiende la vigencia suprema de la libertad individual (o libertad negativa); es decir, el derecho del individuo sobre sí mismo; el sustento de la ideología libertaria es la política antiestatista y la economía capitalista laissez-faire.

Los principales idearios libertarios son el respaldo de la asociación voluntaria, a la propiedad privada, la eficiencia del capitalismo y del libre mercado, la mínima intervención estatal o inclusive nula en cualquier aspecto de la vida.

Así entonces, el libertarismo económicamente aboga por un capitalismo de estado:

  • Economía capitalista en la cual la actividad económica de las empresas privadas es regulada por el Estado.
  • Economía socialista-estatal cuyas empresas públicas son administradas con criterios capitalistas.
  • Sistema socioeconómico colectivista en el que la burocracia se apropia del capital que administra.
  • La economía de una nación administrada como una única sociedad anónima, pudiendo ser dueña de la mayor parte de los bienes y la riqueza de la nación.

Filosófica y políticamente el liberalismo es una corriente anti-estatista que aboga por la reducción del Estado al mínimo necesario (estado mínimo); desde el sentido civil, a reducirlo a las libertades básicas; es decir, a encargarse (el Estado) de la seguridad, del ejército (donde lo hay) y policía para, básicamente, garantizar las libertades ciudadanas y la independencia de poderes (poder judicial independiente del poder político; en ningún caso el Estado debe servir para ejercer coacción, quitar o restringir derechos individuales (no a los individuos) y por el contrario debe procurar que siempre sean los agentes privados, los que regulen el mercado, el comercio y la actividad productiva y económica, a través de un sistema de precios asignando a cada cosa el valor que realmente tiene.

  Al lo largo de la historia ningún Estado Socialista ha mostrado progreso o solución económica que permitan el desarrollo económico del país y el bienestar social de la ciudadanía; la soberanía del Estado Nacional irrevocablemente ha desencadenado en la Tiranía del Líder Político, del Dictador; la marginación de los que creen que la libertad también debe ser económica y la inopia de la gran mayoría, excepto la clase política y allegada a poder gobernante.

El capitalismo (ahora neoliberalismo) tampoco ha mostrado avances o conciencia social alguna; todo lo contrario, se basa en la explotación del hombre por el hombre, en donde unos cuantos tienen de todo y la gran mayoría de nada, excepto la libertad para decidir por quien van a ser explotados y a veces, ni eso.

Entonces, ¿Cuál es la solución para una sociedad de convivencia justa para todos?

La democracia participativa, una forma de gobierno lo más cercana al poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; el poder siempre estaría en manos de la representación; es decir, del Presidente (Poder Ejecutivo), el Legislativo en manos de los Diputados, el Judicial de los Jueces y los Gobiernos Locales (municipalidades) dirigidos por Alcaldes; pero a ninguno de estos los elegirían los partidos políticos sino los ciudadanos, el pueblo y serían éstos (los ciudadanos) los que los votarían de sus puestos y funciones públicas si éstos (funcionarios públicos) no le cumplen al pueblo que los eligió.

La soberanía del Estado Participativo residiría en el pueblo, mediante la formulación de una nueva Constitución Política que instaure la democracia participativa como forma de Gobierno, restaurando el Cabildo Abierto en las Municipalidades, instaurando el veto al Ejecutivo y al Legislativo, instaurando también Cortes y Jurados Ciudadanos, facilitando y haciendo efectivos la votación, la aprobación, el trámite y la propuesta de Leyes por parte del ciudadano,…

       

 

El Estado Participativo pertenecería al pueblo, a la ciudadanía, el Estado tendría sus propias empresas y las administraría a favor de sus propios intereses; es decir, los de la ciudadanía, los del país.

En ese sentido el Estado Participativo permitiría la competencia y la libre participación de la empresa privada; pero No en contra del Estado; para ello, la regularía y controlaría, siempre en beneficio del consumidor.

El Estado Participativo haría lo mismo con el mercado y el comercio exterior; así como, con los inversionistas y empresas que vengan a establecerse en el país.

No hay razón alguna para que Estado; es decir, sector público y privado no puedan convivir en armonía y al servicio de la mayoría; basta con entender que sociedad somos todos, no solo unos cuantos, ya sea en el sector público (gobierno/políticos) o en el privado (empresa/individual).

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